Apuntes para el
sermón sobre la Campaña del 2007 de Oración a San Miguel Arcángel
Padre Thomas J. Eutenenuer
Presidente
Human Life International
25 de marzo: Solemnidad de la
Anunciación (en algunos países fue celebrada el lunes, 26 de marzo.) Esta fiesta
también se conmemora en muchos lugares como la “Fiesta del Niño por Nacer”.
Primera
Lectura: Isaías 7:1-10; Salmo
Responsorial: Sal 40:7-11; Segunda Lectura: Hebreos 10:4-10; Evangelio: Lucas 1:26-38.
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I.
La Solemnidad de la Asunción conmemora el encuentro entre la Santísima Virgen María y
el Arcángel San Gabriel, en el cual se “anunció” el nacimiento del Mesías.
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Esta es la gran fiesta de la Encarnación de Dios.
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Lo que fue anunciado fue no sólo un nacimiento, sino un
matrimonio.
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Un matrimonio de la carne y el espíritu, hasta entonces
desconocido en la historia.
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No fue un matrimonio obligado; ni tampoco de conveniencia.
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María fue la novia a quien se le pidió su consentimiento,
y en base a su consentimiento incondicional a la proposición de Dios, el
matrimonio fue consumado.
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Toda la historia humana es reconocida por medio del
evento en el cual Dios asume la carne.
II. La Palabra necesitaba un Cuerpo
para ser ofrecida en sacrificio.
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“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”
(Juan 1:14).
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“Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced
a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo” (Heb 10:10).
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Para que Jesús fuese llamado el “Cordero de Dios” por
Juan el Bautista y el “Cordero Pascual” por los evangelistas, tenía que tener
un Cuerpo para ofrecerlo en sacrificio.
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Como Él no tenía un Padre humano ni compuesto de carne,
cada hebra del ADN de Su Cuerpo le fue dada por la carne de Su Madre.
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Su Corazón latió con la sangre de María; Su semblante
reflejaba la gloria de la belleza de María; Su cabello, sus ojos, su piel, sus
manos y sus pies eran todos de ella.
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Y todos ellos fueron ofrecidos en sacrificio por nuestros
pecados.
III. Este Cuerpo fue como cualquier otro cuerpo humano en su desarrollo.
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Cuando la Palabra se hizo carne, entró en un cuerpo
humano y se sometió al proceso humano de desarrollo al cual todos nosotros
también fuimos sometidos.
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El Cuerpo de Cristo pasó a través de la etapa de
blastocisto cuando era un embrión; fue un embrión antes de ser un feto y fue un
feto antes de ser conocido como un niño recién nacido.
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Durante su etapa de niño por nacer, Cristo experimentó
todas las emociones, sensaciones y movimientos que todo bebé experimenta en el
útero de su madre.
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Como niño divino, se hizo uno con todos los habitantes
del seno materno que hoy en día han sido sometidos a la “masacre de los
inocentes” por medio del aborto.
IV. Emmanuel, “Dios está con nosotros” mientras luchamos
para restaurar el respeto por cada cuerpo humano que
está siendo destruido por medio del aborto.
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El Dios-Hombre Jesucristo no es ajeno al sufrimiento de
los niños a quienes no se les da la oportunidad de nacer.
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Son muy valiosos para Él, porque son Sus hermanitos y
hermanitas que no han nacido.
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También lo son los papás y las mamás que han sido
engañados por el negocio del aborto y por las nociones distorsionadas de
libertad, que conducen a las personas a estas fatales “opciones”.
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El Señor también está muy preocupado acerca de la muerte espiritual que acompaña la
matanza de bebés en el seno materno y, por medio de Su Iglesia, quiere
reconciliar a aquellos que han sido víctimas de este aborto de la justicia.
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La Iglesia ofrece programas de curación y reconciliación
postaborto, para aquellos hombres y mujeres que han sido profundamente
afectados como segundas víctimas del aborto.
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Y la Iglesia ora
intensamente por los abortistas que cometen estos crímenes contra la humanidad
de forma habitual.
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“Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se
convierta y viva”, dice el Profeta Ezequiel, y esa oración de conversión es la
oración de la Iglesia –es nuestra
oración.
V. El programa de
oración por la conversión de los abortistas tendrá lugar durante los nueve meses que normalmente
dura un embarazo, en este caso desde el 25 de marzo, Fiesta de la Anunciación y
de la Encarnación del Hijo de Dios, hasta el 25 de diciembre, Fiesta de la
Natividad del Señor.
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Es adecuado entonces que durante este tiempo oremos por
la conversión de aquellos que destruyen a los bebés en el seno materno.
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El Arcángel San Miguel es el patrono de esta campaña, ya
que Dios le ha encomendado la expulsión del poder del mal sobre aquellos que
invocan su protección.
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Invocamos esa misma protección para aquellos bebés que se
encuentran en peligro de ser abortados y para aquellas personas que se
encuentran bajo el dominio de Satanás en el negocio del aborto.
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La oración nunca carece de efecto, aún por la conversión
de aquellos que han realizado grandes males.
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Sólo tenemos que recordar la conversión del Dr. Bernard
Nathanson (el principal arquitecto del aborto a petición), de Norma McCorvey
(la que hizo de Roe en la sentencia Roe
v. Wade) y de Sandra Cano (la sentencia Doe
v. Bolton, que acompañó la de Roe v.
Wade)
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La unión en la oración, especialmente al gran patrono de
nuestras almas, San Miguel Arcángel, ¡nos llena de esperanza en la conversión!
VI. El significado más fundamental de esta Solemnidad es que
¡la Vida siempre tiene la última
palabra!
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El pasado mes de enero (2007), hubo 100.000 personas en
la Marcha por la Vida, que se llevó a cabo en Washington, DC para protestar por
la injusticia del aborto.
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¡Más de la mitad de los que marcharon tenían menos de 25
años!
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El movimiento provida toca una fibra muy profunda del
corazón humano y ve en el Niño Jesús por Nacer su motivación más fundamental.
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Jóvenes y ancianos, de cualquier raza o credo, están
sacando la cara por inocentes bebés y debemos unirnos al coro de la oración y
la acción.
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Comprometámonos con ellos y oremos no sólo por la
protección de los bebés de la destrucción de sus cuerpos, sino también por la
conversión de aquellos que necesitan ser salvados de la destrucción de sus
almas.